SIEMPRE UN BOLERO...
ENCUENTROS ÍNTIMOS DE MÚSICA Y CLARIDAD
Hay canciones que se entienden con la cabeza, y hay boleros que se sienten en el pecho.
Durante años, he entendido la música no como una partitura que hay que dominar, sino como un idioma para decir lo que a veces las palabras cotidianas no alcanzan a expresar.
Este espacio no es un curso encorsetado.
No hay temarios obligatorios, ni calendarios rígidos que cumplir, ni la presión de tener que rendir cuentas a nadie.
Aquí venimos a otra cosa.
Hablemos por WhatsApp y agendamos tu espacio

Un formato completamente libre, humano y sin ataduras:

A mi padre le dio un ictus hace 15 años.
En el hospital y ya en casa no me pedía que le arreglara papeles.
Me pedía que le cantara.
Yo llevaba 15 años sin cantarle nada.
Pero la demencia fue apareciendo progresivamente...
Y con recuerdo de canciones pudimos hacerle frente y disfrutar el uno del otro hasta el último momento.
Decirnos lo que no supimos decirnos cuando todo estaba bien.
Ese día lo entendí todo.
Por qué y para qué la música en mi vida.
No vine a ser el mejor guitarrista de boleros.
El bolero fue mi refugio cuando adolescente. Mi canal para poder relacionarme con los demás.
Mi fuerza para decidir dejar una vida anterior ya resuelta pero rutinaria y en automático.
Y mi excusa para llegar a ti y compartir contigo lo que he venido a dar.
Ahora acompaño a personas a partir de los 40 años, amantes de la guitarra y que lo tienen todo en orden: empresa, casa, familia, etc... pero...
Me dicen lo mismo:
"Diego, tengo la guitarra cogiendo polvo desde los 20. Y ahora me doy cuenta de que quiero volver a tocar algo que sea solo mío. Algo íntimo."
No les enseño acordes.
Les devuelvo un espacio de 30 minutos donde no son directivos, ni padres, ni maridos.
Solo son ellos con su guitarra.
Si has sentido eso alguna vez, sabes de lo que hablo.
Si no, sigue haciendo scroll.
Yo aquí sigo, con mi guitarra.
Diego.